Edimburgo 2014, un comienzo desafortunado

El año pasado decidimos viajar a la capital escocesa por varios motivos, hasta entonces lo más lejos ,en cuanto a distancia se refiere, que había visitado era Barcelona, y el único país en el que había estado sin ser España era Portugal, así que en esta ocasión quería ir un poquito más allá. Pero el motivo principal, es que fue la elección de mi querido compañero de viaje, quien sin dudarlo al preguntarle que sitio deseaba visitar contestó Escocia. Para él si se trataba del primer viaje internacional y le hacía muchísima ilusión, por lo que inmediatamente comencé a buscar vuelos y a prepararlo todo.

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A pesar de la antelación con la que habíamos preparado todo, un mes antes de viajar surgieron un par de problemas.  Encontré críticas horribles sobre el hostal, aunque en el momento de la reserva todo lo que leí fue bueno, además me di cuenta de que el horario para recibirnos era un poco justo y que tendríamos que tener suerte para llegar sin retraso, porque sólo nos recibían hasta medianoche, poco después de la llegada de nuestro vuelo. Ante tanta preocupación intenté buscar un alojamiento con un horario más flexible y mejores críticas, pero con tan poca antelación la mayoría estaban ocupados o eran muy caros. Así que nos tocó esperar a ver con que nos encontrábamos, y os adelanto que no fue una agradable sorpresa.

Decidimos volar con conexión a Barcelona para al regresar pasar un día allí y poder disfrutar de algunos de mis rincones favoritos con la mejor compañía. Lo único malo de esta decisión fue la larga espera en El Prat, no quisimos ir a la ciudad por miedo a tener algún tipo de problema que nos impidiese volar a Edimburgo, así que esperamos en el aeropuerto durante horas.

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Minutos antes de embarcar. Gran Canaria
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Aeropuerto El Prat de Barcelona

Después de un largo día, Edimburgo nos recibía con su popular humedad y algo de frío. Llegamos con tiempo de sobra así que disfrutamos del trayecto en guagua, observando lo que la noche nos permitía y con la vista puesta en el reloj en todo momento.  Una vez en la ciudad, con ayuda de alguno de sus habitantes, encontramos el hostal muy rápido, llegamos con bastante tiempo para hacer el check-in, pero fue entonces cuando comenzó la pesadilla.

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Así de cansados estábamos, bueno al menos yo.
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Trayecto en guagua desde el aeropuerto.
Captura
Pendientes del recorrido

Tocamos el timbre una y otra vez durante más media hora ante la mirada de los transeúntes, algunos de los cuales nos miraron con cara de “no saben dónde se metieron”. Llamamos desde uno de las famosas cabinas rojas pero tampoco hubo respuesta, fue entonces cuando perdí toda esperanza y empezó el terror. Con el frío y la humedad lo peor que podíamos hacer era estar quietos  así que empezamos a caminar, y  preguntamos en cada hostal que encontrábamos  si les quedaban habitaciones libres, pero no tuvimos suerte.

El frío llegó a ser insoportable, la humedad nos pasó factura y también a nuestras maletas, habíamos perdido toda esperanza, no nos apetecía alojarnos en ese hostal después de todo lo sucedido pero no teníamos otra opción. Así que buscamos lugares donde pasar el rato, entre ellos la estación de tren que abrió a las cuatro de la mañana y finalmente el Starbucks que abrió a las 7, nunca había disfrutado tanto de un chocolate caliente, ni siquiera nos importó su desorbitado precio.

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Royal Mille, calle del hostal

La terrible noche terminó, y llegó el turno de pedir explicaciones.  Cuando pensábamos que nada podía ir a peor, nos atiende una señora muy mal educada que estaba intentando decirme que nuestra habitación ya estaba  ocupada y además quería cobrarnos la noche. Pero en ese momento aparece un chico en calzoncillos que era el que tenía que habernos recibido la noche anterior, y que no lo hizo porque estaba de fiesta, imaginad la cara que se nos quedó ante tal espectáculo. Lo único “positivo” es que el muchacho era español e hizo de intermediario con la señora a la que le explicó que la culpa había sido suya y conseguimos llegar un acuerdo. La estancia el resto de los días se hizo soportable porque la habitación que teníamos no era tan horrible como lo pintaban en las críticas, aunque después de pasar la primera noche en la calle nada podía ser peor, y porque al menos estaba bien situado, en la calle principal de la Old Town.

En resumen el inicio del viaje fue una auténtica pesadilla, de la que puedo decir que aprendí mucho. Era la primera vez que organizaba una cosa así sin apenas ayuda pero de los errores se aprende, y sé que en el futuro tendré que tener más cuidado. Para que esta experiencia os sirva también a vosotros os dejo el nombre del hostal para el que no tengo palabras: “Brodies Hostel”.

Próximamente compartiré las grandes cosas que vivimos por las tierras escocesas,  porque aunque el comienzo fue malo el resto fue impresionante, al fin y al cabo el hostal apenas lo pisamos y ahora recordamos esa noche como una divertida aventura.

Para terminar, os comento que las fotos del post son sacadas con móvil y por lo tanto son de una calidad inferior a las compartidas normalmente.

Un saludo, Ana.

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2 comentarios sobre “Edimburgo 2014, un comienzo desafortunado

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